Lautaro Bugatto, de 20 años, era jugador de Banfield, estaba a préstamo en Tristán Suárez, y fue asesinado el domingo 6 de mayo en la puerta de su casa, en Burzaco, por un policía que disparó para rechazar a dos delincuentes que intentaban robar una moto de un familiar suyo.
Gonzalo reclamó justicia para su hermano y, en diálogo con Télam, afirmó que el policía disparó "siete balazos" pese a que "no existió ningún tiroteo”.
“Los delincuentes en ese caso estaban desarmados y con una práctica desaprensiva, el policía dispara a mansalva y mató a mi hermano", sostuvo el joven, quien es militante del Movimiento Evita.
Consultado sobre la reacción de los vecinos, consideró que lo hicieron como "como cualquiera lo haría, conociendo a la familia, que siempre vivió en el barrio, y a mi hermano, que era el orgullo de la familia, el mío y el de los pibes del barrio, que siempre lo iban a ver a la cancha. Era la estrella del barrio, y a ese pibe lo asesinó un policía de la provincia de Buenos Aires. Lo vivimos todos como lo que fue: un caso de gatillo fácil", indicó.
Gonzalo indicó que su hermano "tenía los mismos sueños y las mismas ambiciones que un montón de pibes, independientemente de quien fuera; porque pareciera que en estas prácticas primero tenemos que definir la clase de persona que era para legitimar o no si hubo abuso de autoridad. Si mi hermano hubiera sido un pibe malo, o con problemas, igual nada justifica lo que pasó".
Sobre la seguridad, dijo que "no es solamente la policía; el buen funcionamiento de las escuelas, de los hospitales, es seguridad. El compromiso de uno con el otro también es seguridad", añadió.
Gonzalo reflexionó que "pareciera que existe un paradigma que nos dice que tenemos que estar armados para sentirnos tranquilos. Que balas más grandes resuelven mejor los problemas y claramente, no es así. Balas más grandes no garantizan seguridad. No se resuelven con ese discurso, con ese lema, que culturalmente es un anclaje hacia la dictadura, y la represión", afirmó.
Por último eligió describir a su hermano recordando que habían pactado que él enseñara fútbol en una canchita de barrio en Santa Catalina y hasta se había comprometido a hablar con otros futbolistas profesionales para que fuesen a dar clases “a los pibes”.
"Me voy a quedar con ese recuerdo hermoso, independientemente de poder hacer un análisis del proceso político, él estaba haciendo un compromiso con los sectores más humildes", finalizó, para reclamar una vez más que se haga justicia.
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